Cada pieza que sale del taller responde a un mismo criterio: materiales nobles, tiempos de producción cuidados y un acabado que se nota en el uso diario. Acá contamos cómo trabajamos y qué sostenemos en cada encargo.
Quiénes sostienen el taller
El trabajo textil no se hace solo. Detrás de cada manta, cada ovillo teñido y cada telar armado hay personas con oficio, paciencia y un criterio claro sobre materiales y procesos. Este es el equipo que da forma al taller.
Fundador y maestro tejedor
Más de quince años trabajando el telar manual y el fieltro agujado. Es quien define las técnicas de cada pieza, supervisa el teñido natural y prueba cada muestra antes de que salga del taller. Su criterio: la fibra manda, el diseño la acompaña.
Especialista en teñido vegetal
Investiga plantas autóctonas de Mendoza y prepara los baños de tinte que dan color a la lana merino y al algodón orgánico. Lleva un registro minucioso de cada receta: qué planta, qué mordiente, qué estación del año y qué tono se obtiene.
Coordinadora de talleres y encargos
Organiza el calendario de talleres presenciales y en línea, y acompaña cada encargo personalizado desde la primera consulta hasta el envío. Conoce los tiempos de producción de memoria y avisa con claridad si una fecha no se puede cumplir.
Preparación de fibras y telares
Se encarga del cardado, el hilado y el armado de urdimbres. Su trabajo es silencioso pero decisivo: una urdimbre mal tensada arruina horas de tejido. Conoce el comportamiento de cada lote de lana y ajusta el telar según la pieza.
Diseño y muestrario
Dibuja los patrones, elige combinaciones de color y mantiene el muestrario de materiales al día. Trabaja con muestras físicas, no con catálogos digitales: cada cliente puede tocar la lana, ver el grosor y entender cómo se comporta la pieza terminada.
Envíos y control de calidad
Revisa cada pieza antes del despacho: costuras, terminaciones, fijado del color y medidas. Organiza los envíos a toda Argentina y se asegura de que el embalaje proteja el trabajo sin generar residuos innecesarios.
Cada pieza pasa por al menos tres manos antes de salir del taller. Quien tiñe no teje, quien teje no empaqueta, y quien revisa no decide el diseño. Así evitamos que un solo criterio domine todo el proceso y nos aseguramos de que cada etapa tenga una mirada fresca y un control real.
Nuestra razón de ser
Tromper Son Mari existe para devolverle valor a lo hecho a mano. No producimos en serie ni repetimos moldes: cada manta, accesorio o pieza de decoración se piensa desde el material, se teje con calma y se entrega con la certeza de que durará años. Creemos que elegir una pieza artesanal es también una forma de consumo consciente.
Trabajamos con lana merino y algodón orgánico de proveedores locales. Los tintes provienen de plantas autóctonas que recolectamos en la región, lo que garantiza colores únicos y un impacto ambiental mínimo.
El telar manual y el fieltro agujado no son nostalgia: son oficios que exigen paciencia y precisión. Cada pieza pasa por un proceso cuidadoso de diseño, tejido y acabado que no se puede apurar.
No mantenemos stock ni fabricamos por adelantado. Cada trabajo se inicia cuando llega el pedido, con tiempos de producción reales que se comunican con transparencia desde el primer contacto.
Más que una pieza textil, buscamos que cada persona que se acerca al taller comprenda el origen de lo que recibe: de qué planta salió ese verde, cuántas horas de telar hay en esa manta, por qué el fieltro agujado tiene esa textura particular. Ese conocimiento cambia la forma de consumir.
También queremos que quienes participan de nuestros talleres —presenciales o en línea— se vayan con herramientas concretas para seguir tejiendo en casa. No se trata solo de observar: se trata de aprender a mirar la fibra con otros ojos.