Cada pieza que sale del taller nace de un proceso lento y consciente: lana merino seleccionada a mano, tintes vegetales de plantas locales y técnicas de telar que aprendimos para durar. No buscamos producir más, sino hacer mejor.
Nuestra historia
Tromper Son Mari nació como un cuaderno de muestras y una mesa de madera en casa. Con el tiempo, ese espacio de prueba se convirtió en un taller donde cada pieza se piensa, se tiñe y se teje a mano, sin apuro y con materiales que respetan el origen de la fibra.
Empecé experimentando con cáscaras de cebolla, nuez y algunas plantas del jardín. Los colores eran irregulares, pero cada ovillo contaba algo distinto. Ahí entendí que el tinte natural no se controla del todo: se acompaña.
Sumé un telar de madera y empecé a tejer mantas de lana merino. Fue un cambio de ritmo: las piezas grandes exigen paciencia y una planificación cuidadosa del hilado, del tinte y del tiempo de tejido.
Abrí un espacio en Ciudad de Mendoza con estanterías de muestras, una mesa de fieltro agujado y lugar para recibir encargos. El taller también se volvió aula: ahí empezaron los primeros cursos presenciales.
Incorporé el fieltro agujado como técnica propia, primero para accesorios y luego para decoración del hogar. La aguja permite dibujar con la fibra y crear texturas que el telar no logra.
Los cursos a distancia llegaron para quienes viven lejos de Mendoza. Hoy comparto el proceso de teñido y las bases del telar con alumnas de distintas provincias, siempre con materiales accesibles.
Cada manta, accesorio o pieza de decoración se elabora bajo pedido, con tiempos de producción cuidados y envíos a toda Argentina. No fabricamos en serie: tejemos para quien valora lo hecho a mano.
El trabajo artesanal no se mide en cantidad de piezas, sino en la relación con cada material y con cada persona que encarga. A lo largo de estos años, el taller fue cambiando de herramientas y de técnicas, pero se mantuvo una idea fija: producir menos, producir mejor, y que cada pieza tenga un origen claro y un uso real.
Nuestra identidad
Soy artesana textil y este espacio nació de una convicción simple: las cosas hechas a mano merecen tiempo, atención y materiales que respeten el entorno. Trabajo con lana merino, algodón orgánico y tintes vegetales de plantas locales para crear piezas que acompañan la vida cotidiana sin apuro.
Mis piezas están pensadas para personas que valoran lo auténtico: quienes buscan una manta que abrigue durante décadas, un accesorio con carácter o una pieza de decoración que no se encuentre en cualquier tienda. También para quienes quieren aprender el oficio y prefieren un taller cercano, con grupos chicos y explicaciones claras.
No produzco en serie ni repito catálogos. Cada encargo se trabaja de forma individual, con tiempos de producción cuidados y una comunicación directa sobre el proceso. Elijo fibras nobles, tiño con plantas de la región y dejo que las variaciones naturales del color sean parte del diseño.
Acá no hay promesas de producción rápida ni fórmulas mágicas. Hay un oficio que se aprende con práctica, materiales que tienen su propio ritmo y un compromiso con el consumo consciente. Hablo de técnicas, de fibras y de procesos con honestidad, porque creo que entender cómo se hace una pieza también es parte de valorarla.
Técnicas tradicionales aplicadas a diseños contemporáneos, con urdimbres preparadas a mano en el taller.
Pigmentos extraídos de plantas autóctonas, con matices que cambian según la estación y la cosecha.
Piezas por encargo, envíos a toda Argentina y un diálogo permanente con quien las recibe.